“Escribir en el blog del Revela-T acerca del mundo estenopeico es una gran responsabilidad. Es esa promesa de año nuevo –Voy a escribir a menudo, con regularidad-. Ya que no he podido con la constancia de ir haciendo una entrada semanal con mi blog (no he ni empezado, actualizar Facebook ya me cuesta). Cómo mínimo hacer entradas más espaciadas con cierto compromiso, me va a obligar a mi mismo a escribir.

Espero, mientras dure mi colaboración, hablar del mundo pinhole de diferentes maneras, técnica, entrevistas, vivencias, experiencias. Pero esta primera entrada siempre creí que debería de ser distinta. Una visión diferente, un breve cuento. Un pequeño guiño a todos aquellos a quien nos gusta ver la realidad a través del orificio de una cámara obscura. Supongo que las siguientes entradas al blog, van a ser más ortodoxas que esta primera.

Deseo que os guste.”

…elohniP

Hacía varias semanas que le habían quitado las vendas. Continuaba sin ver. Ya ni se acordaba de cuando decidió dejar de ver, si fue premeditado o simplemente un mecanismo de defensa. Los acontecimientos le superaron, la realidad le desbordaba. Era una especie de rendición.

Los médicos le dijeron que todo saldría bien, él siempre desconfió. El vía crucis de pruebas y operaciones no habían servido para nada. Sólo encontró consuelo en las enfermeras. Hablaban su mismo idioma, eran comprensivas y cariñosas. Cuando le hacían las curas conseguían en él una calma difícil de explicar, muy de agradecer en esos días de tormenta interior.

Ellas se habían convertido en sus ojos, esos ojos que ahora se negaban a ver. Le contaban todo lo que sucedía a su alrededor. No sólo lo ubicaban en su espacio para ayudarlo en sus quehaceres diarios, sino también le explicaban de primera mano todo lo que sucedía al otro lado de la ventana. El exterior era desalentador; tiros, bombas, masacres lejanas y cinismo próximo, libertades coartadas por leyes inverosímiles. Hacía tiempo que la codicia había acabado con la mayoría de los recursos naturales. La enfermedad se extendía sin remedio. Las noticias que le llegaban por las vías oficiales eran pura mentira y los opinadores solo vendían la mierda que los de arriba querían que esparcieran. Desde fuera solo le llegaban los sonidos de la muerte, la corrupción, la desesperanza, la intolerancia y el odio. Cuando asomaba por la ventana miraba y nada.

Suerte tenía de la conexión con el exterior que le proporcionaban aquellas mujeres. Especialmente Mònica; sus palabras, su contacto, su olor, fueron los únicos motivos que lo mantuvieron en vida. Cuando la desazón y el desaliento se instalaron en él, ella fue el fino hilo al que agarrarse. Ya casi nada valía la pena, pero sabía que al llegar el turno de noche llegaría ella y pondría una luz tenue en la inmensidad de la oscuridad. Los médicos no lo entendían, no comprendían qué fallaba. Sus ojos funcionaban a la perfección, las transmisiones nerviosas reaccionaban a la luz, sus pupilas crecían o disminuían cuando la linterna, en forma de lápiz, se acercaba o se alejaba de ellas. Pero él seguía en la oscuridad mas absoluta. Las enfermeras lo tenían claro, no tenía nada que le valiese la pena ver. El exterior lo abrumaba, era demasiado incomprensible para una sensibilidad como la suya.

Después de muchas pruebas los médicos se resignaron. No podían hacer nada más, tiraron la toalla. Cuando se lo comunicaron su reacción fue entre el sosiego y la rabia. Sabía que nunca más vería la decadencia de la raza humana, pero por otro lado nunca conocería el color de los ojos de Mònica, ni volvería a ver todas esas cosas que un día le dieron sentido a su existencia.

Fue entonces y no antes cuando Mònica, la enfermera de manos suaves y voz dulce, decidió rescatarle de la oscuridad. Ella sabía como sacarle de allí. La belleza lo salvaría.

Si de verdad quería salir de su estado debería dejarse llevar y hacer su adaptación en la habitación oscura; extraño nombre si de lo que se trataba era de volver a ver. Allí su mente se iría adaptando de nuevo a ver imágenes. Desconcertado aceptó, no tenía más recursos.

Allí estaba, desnudo en medio de la habitación, de pié, pasando frío. Pasaban las horas y no notaba nada. Una extraña tristeza le invadió. Solo, sin nadie que le contara lo que había a su alrededor, empezó a buscar por la habitación. No había nada. No entendía que hacía allí. Gritaba de desesperación con rabia, nadie le escuchaba. No encontraba la salida por donde había entrado. Golpeó fuertemente las paredes. Las empezó a palpar con desespero, ansiosamente. Finalmente su dedo índice notó algo a la altura de sus ojos. El corazón le dio un salto. Era un pequeño agujero, mínimo, ni le entraba el dedo. Con la yema recorrió los bordes. Fijándose bien, empezó a ver que la luz entraba por él y poco a poco se volvía más intensa. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. El frío desaparecía; notaba un calor intenso. Una sensación de bienestar muy agradable lo abrazó. Dio unos pasos atrás y se giró. Enfrente suyo contra la pared se proyectaba el mundo exterior invertido y en el medio su sombra. Volvía a ver y miraba la realidad al revés. Era pura magia; tanta belleza le puso la piel de gallina. Una lágrima empezó a brotarle de sus nuevos ojos.

La fotografia es de Jon Andoni Martín y el video de Romain Alary, Stenop.es