Hace unos 4 años invitamos a Eduardo Momeñe a hacer un taller desde Espaifotografic, la página madre desde la que se creó el Festival Revela-T. Él hacia poco tiempo que había publicado su libro La Visión Fotográfica y por ello se le hace referencia en esta entrevista que le hizo magistralmente Joan Porredon. Por cierto, una lástima que no haya continuado entrevistando a otros fotógrafos, quizás entonces tendríamos muchos documentos tan clarificadores como este.

Muchas gracias Eduardo y Joan.

Aprovechamos para recordaros que el sábado 21 de marzo volvemos a hacer un taller con este gran maestro de la fotografía. Quedan muy pocas plazas.

¿Quién es Eduardo Momeñe? ¿Cómo te presentas ante estos jóvenes fotógrafos a los que te diriges en tu libro?
Confío en que con las próximas respuestas quede algún dato acerca de mis intereses.
Tu libro está teniendo muy buenas críticas. ¿Cómo lo asimilas?
Por supuesto, es gratificante. Me alegra mucho de que pueda ser útil para muchas personas que disfrutan con la fotografía.

Dentro de un panorama editorial tan tecnificado, ¿cómo valoras que un libro como el tuyo tenga tan buena acogida?
Me imagino que puede ser porque pone la fotografía en un lugar tangible, posible, e incluso cómodo y amable. Intenta explicar de qué podría tratar todo ello. Apela en cierta manera al sentido común y quizás se expresa con un lenguaje que todos entendemos.

¿Hablas de la visión fotográfica… en qué la distinguirías de “otros tipos de visión”?
Es una visión estética, muy diferente a la que usamos para sobrevivir, en cierta manera es mágica. Es una visión exclusivamente desarrollada para intentar ampliar las posibilidades del lenguaje fotográfico.

¿Un artista plástico y un fotógrafo, compartirían la manera de mirar?
En mi opinión son miradas no solo diferentes sino posiblemente antagónicas. No creo que un denominado artista (es un juicio de valor que debe ser demostrado) plástico, ame realmente la fotografía, incluso que la trate bien. Se aprovecha de ella mientras le sea útil, y no estoy convencido de que haya mucho más, en lo que a propuesta fotográfica se refiere. No se emociona cuando se habla de fotografía. Ese es mi punto de vista. Es la razón por la cual muchas de las galerías y de la crítica que siempre han tratado con lo “plástico”, con las “bellas artes”, incluso con el óleo y el acrílico, se estrellan a la hora de enfrentarse al lenguaje fotográfico. No lo comprenden. ARCO ha sido un gran escaparate de ello. Pueden llegar a creer que todo forma parte de lo mismo, y no es así. Se está dando el hecho de que futuros buenos fotógrafos han caído en la trampa y han frustrado un apasionante camino. En todo caso, es una opinión.

Saber mirar una escena, saber mirar la fotografía propia resultante, saber mirar la fotografía de otro fotógrafo… ¿lo meterías todo en el mismo saco?
Sí. Tan sólo incidiría en la idea de “mirar una escena”. Mirar una escena… pero a través del visor.

¿A quién consideras joven fotógrafo, al de corta edad o al de corta experiencia?
Al apasionado por la fotografía, al que vende la moto para comprarse una cámara. Hay jóvenes fotógrafos de ochenta años y auténticos ancianos de veinticinco.

Dices que la visión fotográfica se puede educar si ya la tienes asimilada previamente, ¿hay estrategias para que una persona aprenda a ver desde cero?
En realidad quiero decir que sí es necesaria una cierta materia prima previa, porque es sobre ella sobre la que se puede moldear el aprendizaje. La mayor parte de lo que hace falta tiene que estar en nosotros, por supuesto probablemente aún sin pulir, pero tiene que haber ese algo donde el aprendizaje no toque en hueso. Esto es aplicable a todos los órdenes, especialmente donde la creatividad y la sensibilidad estética cuenta. Bob Dylan aprendió probablemente muchas cosas y encontró su camino, pero Bob Dylan ”ya era”.

¿Consideras que hay diferencias entre ver y mirar?
Si, y aún a riesgo de utilizar mal las palabras, al menos en mi caso. Llamo ver en realidad a un acto pasivo, casi inevitable con los ojos abiertos. Mirar es una visión activa, es intentar comprender lo que se ve, e interaccionar lo que se ve con lo que se sabe, incluso con lo que se siente, es ocuparse más de ello, reparar en todo lo que el acto de ver no atiende, por falta de consciencia, o porque simplemente no hay un interés fotográfico. Hablamos de una mirada que busca ampliar las posibilidades del lenguaje. Es una visión, puede que con un grado mayor de intensidad.

¿Leer imágenes es primordial para saber elaborarlas?
Sin lugar a dudas, saber leer imágenes. En todo caso el asunto es algo frustrante porque podemos leer toda la literatura que se ha escrito durante dos mil años y ello no nos garantiza que vayamos a ser buenos escritores. Por supuesto, el no haberlo hecho, el no habernos preocupado por saber más, deja nuestras posibilidades muy mermadas. Atendiendo en concreto a la pregunta, saber leer imágenes es imprescindible, porque es lo que debemos hacer cuando estamos mirando a través del visor. No estamos viendo el mundo sino leyendo, escaneando imágenes. El ejemplo es burdo pero válido: es absolutamente necesario saber leer chino para escribir en chino, para poder expresarnos en chino. No sabría decir qué es más fácil, si leer chino o “leer” fotografías en un visor, ya que no conozco el idioma chino, pero sí conozco un poco el fotográfico y diré, en tono jocoso, que Walker Evans y yo estamos de acuerdo en que expresarse en éste es muy difícil.

Hay algún momento de tu vida fotográfica que sea clave para que te dieras cuenta del deseo de escribir y teorizar sobre ella.
Mi formación digamos fotográfica es posterior a mi formación literaria, yo era antes lector de libros que de fotografías. Sí veía muchas fotografías, las disfrutaba, pero aún no las leía. Todo ello empezó muy pronto, mi interés, mi afición, cuando estaba en el colegio, mi padre era un buen aficionado. Pero me interesa el lenguaje. Mis “fotógrafos” favoritos en su mayor parte no son fotógrafos, pero son los que me ayudan a hacer mis fotografías, a disfrutar haciéndolas y finalmente a pensar sobre ello. Me refiero a todo lo que puede formarnos culturalmente, cine, literatura, pintura, música… lo que queramos. Por supuesto, ciertas fotografías de Joel Sternfeld y de otros para mí son definitivas. Me interesa el juego que es el lenguaje, investigarlo, tratar de desenmascararlo, y el fotográfico es un auténtico caramelo para enredar. Hay que tener en cuenta que se trata de hablar sin abrir la boca. Todo un reto. Como fotógrafo, no puedo evitar pensar sobre todo ello.

Sorprende de tu libro que, siendo un curso de fotografía, sólo se ilustre con la fotografía de la portada. Entiendo que responde a una intención pedagógica de estimular al alumno que tenga interés en buscar las ilustraciones, a no darlo todo hecho. ¿Esta seria tu estrategia? O, si me permites la broma, es para demostrar que una imagen vale más que mil palabras…
Sí, así es. Creo que la fotografía se “estudia” bien simplemente hablando de ello. En este caso, yo ya contaba con internet para “poner cara” a lo hablado. Si no hubiese existido internet, la cosa hubiese sido más complicada. Creo que la fórmula libro-internet ha funcionado, pienso que didácticamente es buena. Por supuesto exige más del lector, pero nos dirigimos al lector “joven fotógrafo” dispuesto a lo que sea.
Con respecto a la imagen que vale o no mil palabras, lo extraordinario es que un millón de palabras nunca podrán “decir” lo que “dice” una imagen, y un millón de imágenes no podrán decir “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Son dos líneas paralelas que ni tan siquiera se tocan en el infinito. Es la magia del lenguaje.

De todos los fotógrafos que citas en tu libro, ¿hay alguno que consideres que está por “compromiso”, que hayas considerado importante su referencia sin que te emocione especialmente?
Ciertamente tengo mis preferencias, pero no ha habido ninguno que no respete. He utilizado nombres que he considerado útiles para continuar indagando. Hay muchos que no están y que me interesan especialmente. Pero todo no es posible.

¿Cuál consideras que es el “alimento vital” para un fotógrafo?
Cultura, conocimiento, interés, curiosidad sin límite, pasión por la fotografía, todo lo que se pueda “engullir”… Se trata de comprender de que la fotografía no se aprende, sino que es todo el conocimiento del mundo que tengamos acumulado el que va a hacer posible o no que podamos construir un edificio al que llamaremos “nuestra obra fotográfica”. En esto, pienso que un fotógrafo no está muy lejano de un escritor o de un cienasta.

He observado un desuso social de la palabra “semiótica”, ¿estarías de acuerdo? ¿Tienes una opinión al respecto?
Interesante pregunta, y sí, estoy de acuerdo. Hay que volver al estudio de las imágenes para comprenderlas y finalmente poder hacerlas, de hecho para ello se inventaron las palabras, para descifrarlas. Además sería un buen momento para reivindicarlo porque ya podemos hablar de ello con un lenguaje simple, cómodo, “comprensible”. Ya no es necesario “poner cara de estructuralista” y el que lo hace corre el peligro de aburrir. El libro de Stephen Shore “La naturaleza de las fotografías” deja esto bien claro. Y por supuesto hay muchos más libros en este sentido. En todo caso, cuando intento saber un poco más de qué va todo esto, prefiero a un Gilles Deleuze que encerrarme en lo que llamaría con cierta ironía, pero con amabilidad, el “ghetto artístico-fotográfico”. Hay que ir a por quienes realmente saben de fotografía.

¿Resulta más fácil hablar de formas que de conceptos?
Desde mi punto de vista, no. Para mí, y es una opinión, la forma es el concepto en fotografía, y lo que la hace un medio apasionante. La forma es el problema, todo lo demás viene por añadidura. Podemos hablar de lo que queramos dependiendo de cuando y/o donde pongamos la cámara. El concepto es el resultado de la forma, en todo caso nunca iría por delante, nunca sería previo. El discurso lo dan las imágenes, nunca lo contrario. También es un asunto interesante y en el que volveríamos a retomar la figura del artista plástico.

¿Cuál es tu principal motivación fotográfica?
No lo sé, me gusta mucho hacer fotografías, pero cojo la cámara solo cuando creo que tengo más o menos cercada la fotografía que quiero obtener. Es decir, cuando ya casi la veo en mi cabeza antes de hacerla. Vivo la fotografía como un gran placer, disfruto mucho, no siempre fue así. Me veo como ese “joven fotógrafo”. Finalmente, la prueba de ver en un papel si la intuición ha funcionado, y de ser así, es una gran satisfacción.

¿Con que técnica, estética o proceso te sientes más cómodo?
Siempre he trabajado de manera parecida. Fotografío en blanco y negro, y ello es perfectamente compatible para mí con el hecho de que muchos de mis fotógrafos favoritos trabajan en color. Sin embargo, me gusta hacer fotografías en blanco y negro.
No tengo ninguna sensación especial con la aparición de la tecnología digital, ni tan siquiera nostalgia, a pesar de que todo mi trabajo fotográfico, lógicamente ha sido realizado con tecnología analógica. No siento un mayor salto cualitativo que el hecho de cambiar de modelo de coche. Simplemente las ventajas son conocidas, y queramos o no, la tecnología digital ya está “instaurada”. Personalmente, lo considero un hecho extraordinario.

¿Tienes una focal y un formato de referencia?
Mi focal siempre ha sido el equivalente a 50mm. en una réflex analógica. Podría raramente llegar a un 35mm. o a un 70mm. más a menudo, en retrato. En esas coordenadas me muevo. Coloco la cámara como “si estuviese” en un trípode. Es el marco renacentista, el de Alberti, el de la cámara oscura, en el que me siento cómodo. Primero creo el espacio, y después miro que puede pasar dentro. Me gusta un formato, digamos visualmente bien conocido, y con ello intento crear un juego dialéctico con lo que conceptualmente sería mucho menos nítido. Durante muchos años he utilizado el formato cuadrado. Desde hace ya un tiempo uso el formato rectangular.

¿La fotografía digital ha cambiado tus planteamientos y, sobretodo, tu visión fotográfica?
No, en nada.

¿Entre la visión fotográfica y la intuición fotográfica hay un camino visible o invisible?
Intentaré una respuesta. La intuición fotográfica es un don, un talento que algunos poseen, y en ello incluiría a todos los Lee Friedlander que en el mundo han sido, son unos superdotados visuales, no hay muchos. Ralph Gibson sería un buen ejemplo, pero una vez más, hay otros superdotados que no lo parecen tanto porque no llevan el marco visual hasta el límite como los citados. La visión fotográfica es más susceptible de ser estudiada, enseñada, aprendida. Quienes tienen una desarrollada percepción visual fotográfica tienen mucho camino andado… aunque no todo.

Reivindicas la fotografía pura… ¿existe?
Yo no le llamaría pura sino tan sólo fotografía, porque no estoy seguro de que la impura sea fotografía. Sí existe la fotografía, y pienso que con una inmejorable salud. Basta con no tirar la toalla (hacer fotografías “puras” no es fácil) y seguir investigando su potencial. Hay material de trabajo para rato. Más que nunca contamos con la ayuda de filósofos y escritores, cineastas-fotógrafos, o mejor expresado, con la complicidad de la filosofía, de la literatura, y del extraordinario nuevo video que nos llega. También está ese arte conceptual de los 60s, textual, no pictórico, bastante abandonado durante demasiados años. Me interesan mucho líneas como la de Hamish Fulton, y ciertamente el surrealismo y el discurso “duchampiano” considero que siguen siendo sólidos pilares. La fotografía contemporánea lo sabe bien, sabe que la palabra amplia la visión, que la fotografía se nutre de un material documental pero actúa con la mirada del creador de imágenes. Por cierto, los pintores tendrán que ponerse a pintar algún día.

¿Hay algún aspecto de la vida, o de la condición humana, que sólo sea representable fotográficamente?
Sin lugar a dudas. Todo aquello que sea “transportable” y “codificable” exclusivamente en el lenguaje fotográfico, un retrato fotográfico, por ejemplo. Respuesta quizás insatisfactoria, pero es tal como lo veo.

Con las nuevas tecnologías, tenemos muchas alternativas para hacer una fotografía, pero… ¿sabemos qué fotografiar? ¿fotografiamos más porque podemos y no porque queremos?
Las nuevas tecnologías son peligrosas en un aspecto. Es demasiado fácil y barato hacer fotografías con ellas. Es necesario trabajar con cabeza de “analógico”, incluso en algunos casos llegar a sentir que una 5D pueda ser una cámara de placas, pienso que ello es posible. Con estas nuevas cámaras las fotografías siempre salen, incluso muy “bonitas”. De hecho, podemos obtener ya cientos de fotografías “buenas y bonitas” tan sólo con la ayuda del azar. Lo que no va a darnos el azar es la posibilidad de plasmar conocimiento en términos de pensamiento visual. Es ese el problema y lo que hace a la buena fotografía aún más atractiva.

En tu libro citas: “…Si no sabemos de qué tratan nuestras fotografías, difícilmente van a saberlo los demás, y si los demás no pueden acceder a saber de qué tratan nuestras imágenes, es que aún no somos fotógrafos…”. Para mi gusto es una frase para enmarcar. Aparte de saber expresarse con imágenes, creo que, a veces, no es que no sepamos que fotografiar, sino que no se sabemos que contar. La duda: ¿siempre hay que contar algo?
Lo único que nos exige la fotografía es que sepamos expresarnos en imágenes. No hay más. No hay nada que contar… y mucho que mostrar, en otras palabras, que decir. Quizás no sabemos qué contar porque el medio te dice que no hay nada que contar. La trampa que nos tiende la fotografía es que en sus imágenes también vemos el mundo y podemos llegar a pensar que su fin es el mundo, y que “lo expliquemos”. Para ello es un mal medio, la fotografía no cuenta nada, no explica nada. Para ello ya está el texto articulado, el pensamiento lógico, el que tiene sintaxis, el que nos enseñaron en casa y en el colegio. La pregunta, y pienso que es concluyente, sería: ¿Qué cuenta una sonata de Beethoven o la guitarra de AC/DC? Nada. Es expresión pura que te llega al estómago si está resuelta. Soy de los que piensan que es aplicable al 100% a la fotografía. Nadie pregunta qué cuenta un cuadro de Jackson Pollock, se limita a incrustarlo en su mente, y en todo caso ya se hablará de ello en otro momento.

¿Llevas siempre una cámara encima?
Casi nunca. Mi actitud siempre ha sido la de “hoy voy a hacer fotografías” con una clara intención. En los últimos tiempos, una pequeña G9 en el bolsillo me está convirtiendo en un fotógrafo que puede llevar una cámara sin tener un plan predeterminado, sin disponer de una intención previa. Esto ha sido muy reciente.

Cuando tienes una cámara en tus manos… ¿Sabrías describir todo tu proceso emocional o sensitivo hasta que realizas una fotografía?
Pienso que es un proceso más racional. Un fotógrafo posee un formato, un marco visual, un mundo visual y conceptual, y su problema es que tiene que “negociarlo “ con un mundo caótico que no atiende a razones, que hace lo posible para que nuestra fotografía fracase. El reto está en vencer a ese mundo hostil sin renunciar a nuestro “formato”. Personalmente, yo lo vivo como una batalla de la que tengo que salir vencedor. Tengo a veces la sensación de que estoy domando a un caballo. Porque finalmente uno se decide a fotografiar para añadir una nueva fotografía a la colección de fotografías que está formando. Yo no puedo imaginar que Kertész saliese a fotografiar con otro fin que no fuese el de obtener una nueva fotografía para ampliar su colección de fotografías de Kertész.

¿Una fotografía que necesita ser explicada, necesariamente es peor fotografía que otra que se entienda por si sola?
¿Explicada o justificada? Explicar es añadir un texto “explicativo”. En fotografía el texto “explicativo” lo conforma la obra. Las fotografías ya no sólo se ven, sino que se leen. El texto explicativo de una fotografía de Diane Arbus es su obra, un texto que se encuentra dentro del espacio lingüístico. Cuando entro en una exposición nunca leo el texto del panel que está en la puerta de la galería. Veo la obra y si “me ha hablado” leeré el texto después como ”información añadida”, quizás con vocación didáctica. Si la obra no me ha hablado, no lo leeré. Hay quizás dos tipos de texto, los que amplían el significado de la obra, la enriquecen, y los que intentan justificar lo injustificable, lo que las fotografías no han sabido decir.

¿Se puede fotografiar el alma en un retrato? ¿Cómo?
Pienso que no, aunque eso era lo que buscaba Julia Margaret Cameron. No estoy seguro de que lo consiguiese, Nadie “es“ durante 1/60 seg, y menos frente a una cámara. Finalmente un retrato es tan solo una representación “teatral”. En todo caso, pienso que no es una buena idea plantearse el retrato en estos términos. Un retrato es el producto de un favor que te hace una persona dejándote su apariencia para que puedas seguir haciendo tu obra. Cuando veo a Marilyn Monroe, a los duques de Windsor, a Einsenhower y a Groucho Marx fotografiados en el mismo saco por Richard Avedon, solo podria percibir, en todo caso, la mente/alma de Avedon.

¿Quieres escribir otro libro? ¿Sobre que te gustaría escribir?
Estoy usando el tiempo del que dispongo en un par de cosas, pero acogiéndome a la superstición anglosajona por la cual trae mala suerte hablar de algo que aún no está terminado, lo dejaré en que sigo dando vueltas a estos asuntos y que intentaré que salga algo algún día. Hay algo que me gustaría hacer algún día, hablo de cine, pero me parece que para ello hay que tener más tiempo.

Un requisito para ser fotógrafo es amar la fotografía a base de conocerla. ¿Otro requisito seria leer tu libro para iniciar este romance?
Hay muchos libros buenos.

Un tercer requisito podría ser participar en uno de tus talleres… ¿que le dirías a un indeciso para convencerlo?
Que se va a encontrar con gente muy agradable con la que quizás va a compartir algunos intereses, y que normalmente lo pasamos muy bien.