POSOLEDAD: la solitud en clave positiva

 

Matera (Basilicata) – Fotografía: Giuseppe Satriani

 

En nuestra sociedad, la palabra soledad tiene una acepción totalmente negativa. Hasta entre las amigas de mi hija pre-adolescente, “ser margi” (marginada, sola) es lo peor que puede ocurrir a una persona. Parece que todos podemos estar bien solo si tenemos ocupado el 100% de nuestro tiempo y si estamos rodeados de gente con la que hay que actuar (literalmente) casi siempre de manera superficial. En CentroCentro en Madrid y hasta el 27 de Enero, hay una interesante exposición dedicada a la soledad en clave negativa o mejor dicho, a la soledad no deseada, en la cual diferentes artistas, a través de sus obras (sobre todo video-instalaciones y fotografía) interpretan y denuncian esta plaga social de nuestra sociedad “tardocapitalista”. El título de esta exposición es “LA NO COMUNIDAD” porque la clave de lectura que los comisarios (Blanca de la Torre y Ricardo Ramón Jarne) han querido ofrecer a los visitantes, es la denuncia de muchas formas de soledad no deseada que nuestra sociedad genera y que no queremos ver o intentamos disfrazar.

 

Imágenes extraídas del video de Antonia Wright – “Are you OK?”

 

Hay espacio para los indigentes, vagabundos, nuevos pobres, para las desigualdades sociales, el anonimato en las ciudades, la no-empatía hacia los demás, la degradación, las periferias, la prostitución, la incomunicación, la deshumanización, para las problemáticas relacionadas con el género y la identidad, los no-lugares, las edades de la soledad: niñez, adolescencia, vejez; está presente también la soledad provocada por el neocapitalismo y por la carrera al dinero y aquella congénita con la emigración. Todas formas de soledad pertenecientes al lado oscuro de nuestra sociedad y de las personas. Menos mal que para contrarrestar tanta angustia, hay una instalación fuera del edificio que es un fragmento de esperanza activa contra esta pandemia; una estructura a forma de cúpula que sus creadores han llamado “Refugio contra la soledad”, con la idea de que solo favoreciendo puntos de encuentros reales (¡no valen los grupos de WhatsApp, los amigos de FB o los seguidores de Instagram!) donde cualquiera puede charlar y escuchar, podremos romper este modelo egocéntrico y autodestructivo.

 

Fotografía de Giuseppe Satriani de la instalación de Basurama – Refugio contra la soledad

Contrariamente a lo visto en la exposición, yo, aquí, quiero reclamar con fuerza y convicción el valor de la soledad en su clave positiva; me provoca rabia cuando a una palabra que encierra una duplicidad de significado, se le asocie únicamente la acepción negativa. Cada vez se hace más necesario un poco de silencio y de capacidad de escuchar; encontrar espacios interiores para dejar que el silencio se ensanche; ejercitarse para encontrar paréntesis de silencio y vivir en la más absoluta abstracción del tiempo. Para esto hay que practicar la lentitud, dar valor a la perdurabilidad de las cosas y de los sentimientos, estar bien consigo mismo y escuchar sus propias emociones para ser empático con los demás. Hay que sumergirse en la Naturaleza desde el respeto y no desde el aprovechamiento; hay que saber maravillarse de la belleza presente en las pequeñas cosas; hay que ser valiente, admitiendo nuestros límites y nuestra fragilidad. Todo esto es lo que defino “soledad positiva” o “POSOLEDAD”.

 

Aliano (Basilicata) – Fotografía: Giuseppe Satriani

 

Desde cuándo he decidido profundizar en la foto de paisaje (tanto urbano como no-urbano), he encontrado otra manera más para construir lapsos atemporales y vivir paréntesis embriagadoras de “posoledad”: los amaneceres con sus silencios rotos por sonidos de la vida que se despierta, la búsqueda y el contacto con lugares llenos de belleza, la necesaria connivencia con la luz y sus caprichos, las formas, el modelar los actos, el ordenar el tiempo para estar listos a hacer la foto en el lugar apropiado y en el momento apropiado con todo lo técnico controlado lo mejor que se pueda, los atardeceres con su luz dorada, los cielos que siempre reservan sorpresas hasta que el último resquicio de luz se haya realmente ido (que non necesariamente es cuando uno piensa que se haya ido), el tiempo que parece dilatarse y que de repente corre imperdonablemente, la liturgia de los movimientos a acometer para obtener la fotografía, el poder compartir todo esto exclusivamente contigo mismo o al máximo con una persona con la cual exista una armonía perfecta en todo (en mi caso, mi hija Haisea, ¡qué quiero más de la vida!). Todo eso es estar solos, es vivir la soledad, es empaparte de ella, pero a la vez es estar feliz, en armonía con el universo, lejos de cualquier negatividad que pueda existir, aislado de la mezquindad y la arrogancia. ¡Es vivir en el paraíso terrenal! ¡Es la POSOLEDAD!

 

Dolomiti – Fotografía: Giuseppe Satriani


Giuseppe Satriani