“Este es mi primer artículo para el blog de Revela-T. Mi intención con esta serie de textos es la de, humildemente, divulgar conocimientos y hacer crítica constructiva sobre el universo de la fotografía analógica (desde ahora química).

Mi interés se centra en las relaciones y el desarrollo de las técnicas de fotografía química en nuestro entorno contemporáneo.”

Me niego a leer ni una línea más escrita por partidarios o detractores de la fotografía química o digital ensalzando sus virtudes, y sobre todo, machacando al enemigo. Me rindo. No lo soporto más. De verdad, no sigáis que aburre mucho.

Si algo he aprendido en estos últimos meses es que la rabia, esa peculiar emoción humana que nos bloquea, pulula por el universo fotográfico causando estragos en este arte, afición o profesión que precisamente contiene entre sus virtudes, el poder de canalizar.

El ser humano como ser social necesita un grupo de pertenencia para reafirmarse. Pero eso de no dormir por la noche porque tu vecino tiene sólo una Hasselblad y es feliz, mientras que tu inviertes grandes cantidades de tiempo y dinero en decidirte por un objetivo para tu cámara digital que te convierta en el macho alfa (o hembra) durante los próximos tres meses, que es el tiempo necesario para que se quede anticuado, pues no esta bien. Y ser un lomo plateado de esos que salen de las cavernas clamando al cielo ¡Señor, envíales una plaga de langostas! ¡Eso no es fotografía! Pues creo que tampoco. Así que basta ya.

En el silencio que reina después de esta batalla absurda y dejando el humor aparte, uno se pregunta que puñetas hace aquí con sus carretes de película, sus cámaras del siglo pasado y sus formulas químicas de fotografía primitiva. Y sobre todo, ¿por qué?. ¿Por qué hacemos las cosas como las hacemos?.

En nuestro presente el uso de la fotografía química va estrechamente vinculada al detenimiento en el proceso. Tenemos herramientas a nuestro alcance que nos permiten la inmediatez que podemos necesitar en un momento dado. Sin embargo continuamos utilizando las técnicas químicas como nuestra manera de desarrollar un proyecto o nuestra visión. Porque el tempo es importante. Porque como en cualquier tarea a la que le dedicas tu tiempo, depositas una gran parte de tí en ese trabajo.

Obviamente, la dedicación y el tempo no son cualidades exclusivas de la fotografía química. Pero sí hay algo que la diferencia de otras alternativas, y es el concepto de objeto. En un siglo donde la velocidad y la virtualidad son dos de sus señas de identidad dominantes, descubrimos las carencias que nos hacen discrepar sobre la alta tecnología y su establishment. Eso que nos desagrada de la fotografía digital y que nos hace entablar discusiones eternas y estériles. Miles de imágenes pasan por nuestra retina todos los días. Grandes recursos y esfuerzos que conservaremos en nuestra memoria durante solo unos segundos. Y la gran mayoría de esa producción la veremos a través de una pantalla. Poca gente en el mundo de la fotografía digital imprime sus fotos y las conserva a no ser que haya un interés comercial o expositivo. Bravo por ellos.

Gran parte de lo que echamos de menos en las nuevas tecnologías no son los haluros de plata. Es el objeto tangible como registro. La personalidad y el trabajo que se relaciona con el espectador y establece con él un diálogo de materia a materia.

Imagen: © DaveLawler