Según la información publicada a principios del año pasado en la web de la revista Gráffica, artículo de Jorge Gil, podemos conocer, hasta esa fecha, el ranking de las diez fotografías más caras de la historia (ordenadas de la más barata a la más cara):

. Número 10:   “Untitled #153” de Cindy Sherman (2.700.000$).

. Número 9: “The Pond / Moonlight” de Edward Steichen (2.900.000$).

. Número 8: “Los Ángeles” de Andreas Gursky (2.900.000$).

. Número 7: “99 Cent II Diptychon” de Andreas Gursky (3.300.000$).

. Número 6: “Untitled (Cowboy)” de Richard Prince (3.400.000$).

. Número 5: “Dead Troops Talk” de Jeff Wall (3.666.500$).

. Número 4: “For Her Majesty” de Gilbert y George (3.700.000$).

. Número 3: “Untitled #36” de Cindy Sherman (3.900.000$).

. Número 2: “Rhein II” de Andreas Gursky (4.300.000$).

. Número 1: “Phantom” de Peter Lik (6.500.000$).

Fotografías más caras de la historia

Si estáis pensando en convertiros en coleccionistas de Fotografía y os da un poco de pereza trasladaros a pujar a los salones de las casas de subastas de arte internacional, como podrían ser los de Sotheby’s o Christie’s (líderes absolutas del mercado; ambas tienen su origen en Londres en los años 1744 y 1766 respectivamente –ya veis que son empresas sólidas, que su negocio no les va nada mal, cuando llevan en marcha la primera 275 años y la segunda 253-), no os preocupéis porque actualmente las posibilidades para adquirir obra fotográfica desde internet, desde el sofá de casa, son múltiples.

Que os interesa comprar una fotografía de Ansel Adams, pues en un clic podéis pujar por “Yosemite Falls, Spring, Yosemite National Park (California)” consta del año 1983 (figura en el reverso que podemos ver: “Printed by Chris Rainier from Ansel Adams’ original negative…”). A fecha de hoy,    17-3-2019, la puja actual está en 45 euros. La estimación del experto, Daniel Heikens, del que podemos ver incluso su cara sonriente (es más, para los que ya tenemos presbicia, hasta parece que Daniel nos guiña el ojo animándonos a hacernos con la pieza rápidamente) nos informa de que esta fotografía está valorada entre 600 y 900 euros.

El comprador que la consiga deberá pagar los gastos de envío desde EEUU y la comisión de subasta (9 % de la puja ganadora). Un reloj, que no para de descontar segundos, nos indica el tiempo que nos queda para conseguir la mencionada fotografía antes de que se cierre el lote.  

Hace aproximadamente año y medio que empecé a comprar fotografías por internet. El precio medio de mis adquisiciones vendría a ser de unos 5 euros (la pieza más cara me habrá supuesto un desembolso de unos 25 euros y la más barata de unos 0,80 euros; de este último precio compro muchas más). Si la fotografía más cara de la historia, tal como comentaba al principio, costó 6.500.000 dólares la distancia que me separa de ella es de 6.499.994,4 dólares, más o menos. Una diferencia es bastante considerable y hasta podríamos decir abismal.

Lo que no me separa tanto del comprador de la misma es lo que debió experimentar al conseguir su “Phantom” de Peter Lik con lo que yo he sentido al tener en mis manos cualquiera de las fotografías que acompaño al presente artículo; todas ellas de mi colección particular compradas a través de internet.

Vas mirando fotografías y fotografías y más fotografías en una de las plataformas digitales donde vendedores ofrecen su material. De pronto una te hace clic internamente y ya no la puedes olvidar. Por todos los medios tienes que conseguirla como sea. Sientes que tu vida ya no va a ser la misma si no puedes lograr poseerla. Un sudor frío te entra por el cuerpo de pensar que otro comprador se te puede adelantar y quitártela.

Enseguida envías un mensaje al vendedor para que con el máximo de urgencia te reserve la pieza y te indique las instrucciones para hacerle el pago y que te la envíe por correo postal. Lo consigues; ya la tienes pagada y el vendedor te informa de que ya te la envió. Pero esos días mirando el buzón son eternos; temes que pueda pasar algo con el sobre que contiene tu tesoro; rezas para que la cartera (aquí es una mujer la que reparte el correo) no tenga ningún altercado, por ejemplo que la atraquen y pierda tu correspondencia.

Finalmente llega el deseado sobre; subes los escalones de dos en dos para llegar antes a casa y vivir ese momento mágico de encontrarte cara a cara con tu fotografía. A partir de ahí, una vez abierto el sobre y con tu adquisición entre las manos, te pasas tres días sin otra cosa más importante que hacer que deleitarte con ella: la mirada fija en estado de shock. Pasados esos tres días ya baja un poco el éxtasis en el que te encuentras y ya eres capaz de retomar poco a poco la normalidad de tu vida; buscas un lugar especial para colocar tu preciada pieza y así poder seguir contemplándola cuando te plazca.

Más o menos, resumido, es lo que cualquier coleccionista fotográfico, sea habitual de  Sotheby’s o Christie’s o, como es mi caso, coleccionista de calderilla, experimenta cuando consigue su fotografía deseada.

 

 

Retrato de mujer posiblemente norteamericana, ferrotipo (sin autoría). 

 

           Retrato del niño Manolito Román de 1916. Foto de Jaime Pacheco (Vigo-Pontevedra).

 

Retrato de una monja de 1923. Foto de Octavi Unal (estudios en Figueres y Girona).

 

Retrato de una niña con muñeca de 1928. Foto Sanchis (Antonio Matarredona Sanchis)

 

Retrato de mujer entre cortinas. Foto L. Aguilar (Luis Aguilar Merino) (Madrid).

 

Retrato de Antoñita Fernández con pandereta, década de 1930. Foto Informaciones Serrano (Sevilla).

 

Retrato de chica con gafas y cartera en la mano de 1970 (sin autoría).


Mari Luz Cámara

Incansable perseguidora de la Fotografía, esa dama que no se deja seducir por cualquiera