Dios hizo la gran gracia de poner en la tierra a las monjas para disfrute de los fotógrafos y las fotógrafas. Porque a ver ¿quién no ve en su estética a unas criaturas extraordinariamente fotogénicas? La simplificación de su atuendo y de sus tonos, predominando el blanco y negro, las hacen especialmente atractivas a toda cámara que se cruce en su camino. No en vano, la historia de la Fotografía está bien repleta de fotografías donde la protagonista es una monja. Los que me conocen saben bien lo que me atrae un retrato de una monja. Se da el caso que de jovencita, cuando me cruzaba con alguna, se me torcía el día porque las asimilaba a mal fario. Ahora sin embargo las colecciono. Fotográficamente me atraen mucho. Y como ejemplo, la que acompaña estas letras.

Este retrato lo compré a través de internet hace unos meses. Me parece un retrato estupendo que posiblemente tenga un siglo, sino más, de existencia. El fotógrafo autor es Fernando Valdivieso de Granada (Gran Vía, 2) y hace constar, en el apartado de sus datos, que “hay ascensor”; algo muy a tener en cuenta cuando los gabinetes de Fotografía estaban instalados en las azoteas. Al comprarlo por internet no me di cuenta que las medidas eran bastante considerables (39×27 cm); está claro que a esta monja no le iban las carte de visite. El momento trágico vino cuando al abrir el buzón encontré el sobre acolchado cruelmente doblando y metido a presión en su interior. ¡No imaginaba que dentro estaba mi querida monja de Granada destrozada! El cartero o cartera por lo visto se empleó bien en hacerlo entrar: no escatimando dobleces y empeño en hacerlo entrar donde no cabía. La única atenuante posible es que fuera un o una ferviente republicano/a. Mi desconsuelo al abrir el sobre y descubrir las condiciones que me había llegado mi monjita, después de resistir un siglo de vida, fue inmenso. A parte de los dobleces que podéis apreciar, a trasluz se puede ver que hasta se ha agujereado. ¡Un desastre! Pero bueno, al hecho pecho y dentro de los daños sufridos me parece que el retrato tan hermoso de esta monja, hecho con tanto mimo por nuestro fotógrafo de Granada, bien se merece darle visibilidad y disfrutarlo, y no relegarlo al olvido.

Mirar su carita de porcelana, esas manos tan graciosamente entrelazadas y resaltadas por la oscuridad del hábito, ese ropaje con su larga cola tan bien colocada hacia delante a modo de una novia, toda la decoración en un equilibrio entre austera pero cuidada, las preciosas flores que perfuman el retrato, … Todo en perfecta harmonía que hasta el Cristo parece embobado sin poder dejar de mirar a nuestra hermosa monja. Otro detalle que me gusta especialmente es que en la parte izquierda se puede ver la “trampa” del falso fondo; me hace sentir más cercano el momento en el que fotógrafo ejecutó este retrato.

Poco a poco las monjas se van extinguiendo; principalmente en los pueblos pequeños. Yo hace mucho que donde resido no me cruzo con ninguna. Sé que en Asilo viven unas cuantas pero salen poco o a horas que no coincidimos. Hace unas semanas me encontraba en Girona capital, de pronto al coger una esquina me encontré con una pareja de monjas y mi impacto fue total. Eran una preciosidad: extraordinariamente pequeñitas, las dos idénticas en altura y en la forma de sus cuerpos; vestidas exactamente igual, hasta el más mínimo detalle; sus hábitos era de color gris, limpísimos y relucientes ¡cómo resaltaban entre todas las demás personas de la calle! Como no las pude ver venir de lejos, ya que como he mencionado me las encontré de sopetón, quedé estupefacta y seguro que igual de embobada que el Cristo del retrato de Valdivieso. Vamos que si me hubiera encontrado una pareja de extraterrestres no me hubiera sentido tan abrumada e impresionada. Una gozada primero, seguida automáticamente de una gran frustración por no tener una cámara a mano y, lo que es más necesario, el coraje para atreverme a fotografiarlas. Espero que haya una nueva ocasión. Y no quisiera acabar este artículo sin antes agradecer enormemente a todos los amigos y todas las amigas de FB por el tiempo que hemos ido creando un Convento muy especial: repleto de buenos retratos de esos seres que son tan fotogénicos, las monjas.

 

Foto de Fernando Valdivieso. Gran Vía, 2 de Granada.
Colección particular de M. Luz Cámara.


Mari Luz Cámara

Incansable perseguidora de la Fotografía, esa dama que no se deja seducir por cualquiera